Me dejé llevar por una rosa, Que floreció dichosa. Fue una promesa: una esperanza luminosa, Con el encanto de una mañana poco tormentosa.
Por ella he doblado mi orgullo de hierro; Mi ánimo frío se ha vuelto cálido; Mi espíritu solitario y fiero Ha sido domesticado y sometido.
¿Y para qué? ¿ Para ablandar la coraza? ¿ Para darme de lleno en el corazón Un golpe con la maza?
Me condujeron mis cansados pasos Al lugar donde nació y murió aquella rosa: Entre hielo y nieve que cubren la cima filosa, Congelados yacen sus fragantes pétalos.
...Una radiante flor en un paisaje desolado ¿Quizá un capricho de mi destino malhadado?
¿ Por qué me mostraste una hermosa visión Que mis ojos jamás volverán a ver? ¿ Por qué ha llegado la primavera a este helado rincón Que nunca la había visto ni lo volverá a hacer?
Su recuerdo sólo trae pesar A mi triste caminar; Ya nada es igual. Como lapida se levanta mi rosa, En memoria de la espada rota.